La leyenda de Gambrinus. El rey de la cerveza.

Gambrinus, una figura legendaria, apodado “el rey de cerveza”, se originó por el rey Juan I, que una vez celebrado el triunfo con una fiesta bien regada de cerveza. Al final de la comida, se montó en un cañón con una taza en la mano, de ahí el apodo de “Rey de la Cerveza”.

Gambrinus es una figura legendaria, apodado “el rey de cerveza“, su origen se remonta al rey Juan I, que una vez celebrado el triunfo hizo una fiesta que fue regada con abundante cerveza. Al final de la comida, se montó en un cañón con una jarra de cerveza en la mano, de ahí el apodo de “Rey de la Cerveza”.

Gambrinus vivió en Fresnes-sur-Escaut, un pequeño pueblo de Flandes, estaba enamorado Flandrin, la hija de su maestro pero su amor no era correspondido. En su desdicha fue encarcelado en la prisión de Fresnes por perturbar en la noche después de haber insultado y golpeado. a otra persona. Cuando fue liberado un mes más tarde, trató de suicidarse, pero antes de hacerlo, el diablo le hizo olvidar a Flandrin a cambio de su vida 30 años más tarde. Gambrinus aceptó el pacto.

Jugaba por dinero y se hizo rico, pero no había olvidado a la hija del vidriero. De nuevo se reunió con el diablo quien le dio algunas semillas para plantar lúpulo para la fabricación de una bebida llamada “cerveza” y las explicaciones con el fin de construir un carillón al que nadie podía resistirse.



Un día se organizó una fiesta con, entre otros, sus campanadas y la cerveza. La gente, saboreando esta última, la encontró muy amarga. Empezó a tocar el carillón y la gente empezó a bailar. Bailaron hata el agotamiento (la venganza contra los habitantes Gambrinus se completó). Corrieron a por cerveza para refrescarse y se dieron cuenta de que cuanto más bebían, más dulce sabía. La bebida se hizo conocer fuera de las fronteras del país y el rey de Flandes, en reconocimiento de su éxito nombró a Gambrinus duque, conde y señor. Pero él prefería el título de “rey de la cerveza” que le había otorgado el pueblo de Fresnes.

Cuando treinta años habían pasado se apareció el diablo, Gambrinus tocó el carillón para obligarlo a cancelar el contrato hasta el momento en que al diablo le resultó insoportable su sonido y tuvo que dejarlo en paz. De esta manera vivió felizmente otros cien años, siguió bebiendo cerveza y tocando el carillón.